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Urena-Portada

Minutos después del accidente: tres poemas

Esteban Ureña (Costa Rica)

estado de vigilia

I

No veo a los físicos corriendo a estremecer los árboles de manzana, los físicos orbitando cabizbajos el Anfiteatro Flavio, esperando que la anomalía de Mercurio les reponga su secreto

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Payares-Portada

Los payasos

Gabriel Payares (Venezuela)

Este cuerpo no volverá a empezar
Cesare Pavese

Los payasos llegaron un sábado, cuando ya habíamos salido de la ducha y recién comenzaba el horario de visita.

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Octavio-Armand-Habano

Non sequitur

Octavio Armand

1 ¿Estoy aquí?, ¿estoy aquí? Quizá seas de los que han preguntado eso desde siempre, náufrago ya en el útero. Vives la historia propia en la ajena y el paisaje propio en horizontes que no te cuadran, que te descentran, círculos cuyos radios no tienen la misma longitud, traspasando algunos la circunferencia como flechas, mientras otros, como el veloz Aquiles, se encogen antes de rozar su carapacho.

Nada raro que conozcas en carne viva las incongruencias del tiempo y el espacio. Eres un mapa que no coincide con el territorio y un reloj que nunca da la hora exacta, pues el minutero avanza pero el horario se queda fijo o retrocede. Eres domingo, miércoles, tal vez jueves, la ciudad.

2 Unos tienen que matar para saber lo que es la muerte. A otros, los más, nos basta con morir un poco. La enfermedad, el dolor, el sufrimiento, hasta la caída de la tarde imponen con su abecedario abrumador la melancolía como aprendizaje. En el ocaso de la vida, ¿quién no es capaz de callar como los pájaros y desvaírse, borrarse, como los colores? La lápida es un énfasis. El epitafio, una lengua pesada. Tardía.

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Artículos Recientes

25
jul
DiDonato-Foto

Negrita

Dinapiera Di Donato (Venezuela)

Aquella noche corrí
el mejor de los caminos,
montado en potra de nácar
sin bridas y sin estribos.
No quiero decir, por hombre,
las cosas que ella me dijo.

FEDERICO GARCÍA LORCA.
De La Casada Infiel:
“dedicado a Lydia Cabrera y su negrita”

—¿Es verdad que hubo incesto entre Djuna Barnes y su abuela Zadel? Hipocampo lanzó la pregunta coreada por dos o tres forzados ¡guácala! seguido del quinteto de risitas que no podía faltar al fondo de la clase y  Macuarisma se movió a la ventana como pidiendo ayuda para las hormonas, el aire le faltaba un poco y una paloma se asomaba a mirarlos con ese ojo de monóculo. Hipocampo había dicho si en clase pregunto datos biográficos será la señal de que le tengo buenas noticias. Macuarisma no disimuló la contrariedad, le tenía prohibido meterse en sus asuntos, no quiero noticias, ni buenas ni malas, no quiero nada, porque sus asuntos no eran para hacer relatos pero Hipocampo, de quince, se empeñaba en convertirlos en culebrones.

O lo que es peor, en biografías noveladas y cómo era posible que una vieja como ella, precoz en su menopausia cuarentona, siguiera sin poder zafarse de Hipocampo que apareció en su vida al final de una larga cadena de chismes y búsquedas de empleo. No era particularmente sensible a las bellezas menores. En aquella parte del país la belleza empezaba a los nueve y a los veinte se extinguía, recordaba vagamente un artículo pseudo ─científico que alertaba acerca de la alimentación sobre─ hormonada, cuidado con las reglas a los 9 y los embarazos o el cáncer de cuello uterino a los 12 y la homosexualidad creciente, todo por culpa del alimento para pollos importado de laboratorios que experimentaban con poblaciones marginadas pero ricas y sobre todo crédulas. Entonces el artículo se transformó en propaganda anti-imperialista y los lectores se debatieron entre el sentimiento de fervor revolucionario también financiado con el milagroso presupuesto nacional, y una creciente erección porque mientras se leía el artículo, la mayoría, que era la población infantil hiper-sexual, reclamaba atención con su invasora belleza. Leer Más »

25
jul
Pimentel-Foto

Poemas Pimentel

Diego Mora (Costa Rica)

El planeta de los poetas

 

                                      Al Conde Blu

 

En el planeta de los poetas vivimos todos
a veces cable a tierra
a veces más arriba de la nube 370.
Cerca de una casa anaranjada, donde los ciclos matinales duran 17 horas
las curvas son rectas entre el pastizal amargo y las noches azules.

 

En el plantea de los poetas navegamos sobre las mesas
luego de un olor a fiesta vamos soñando
con las calles y montañas recibiendo pasos sigilosos y en el firmamento
hay un color cobre que va arreando los rebaños,
detrás del avestruz está la flora que brota
mientras los dedos van esculpiendo las carnes.

 

En el planeta de los poetas las oraciones son materia
y los vasos regados por las casas,
también hay rinocerontes atrapados por la luz
y una mata de guayaba orinada. Leer Más »

16
feb
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Happening (fragmento)

Gustavo Valle (Venezuela)

Los tiros le pasaban silbando encima del güiro, fuiz, fuiz —dijo Morocho como si él fuera el protagonista, convencido de tener frente él a todo un auditorio—. ¿Han escuchado el silbido del plomo cuando te roza la azotea?, y el tipo encaletado en la cueva vietnamita respirando con unos pitillitos que se fachaban con los bambúes de los Changurriales. Les cortaban las puntas y parecían esnórqueles de buzo, pero arriba no había agua sino un coñazo de tierra, con el cuerpo en posición horizontal, con el bambú pegado a la boca y esa cuerda de milicos, toda esa banda de coñoemadres haciendo sonar sus botas. Y corrían —continuó Morocho como poseído— de un lado a otro, él escuchaba las voces, las mentadas de madre, los gritos, los tiros, las explosiones. Metido en esa cueva, que en realidad era un zanjón, escuchaba todo como a más volumen, bum bum bum, como si en vez de pasos fueran desgracias y todos ellos sin mover un dedo, con esa coñamentazón de tierra en los ojos en los oídos en las narices, solamente pegados a esa milagrosa varita de mierda. Y rezó, Hernán rezó mucho, él que nunca rezaba, que no creía sino en la rebelión popular y el hombre nuevo, pero allí estaba, con el bambú bien cosido a la boca con la mente en un padrenuestro, en un credo mal recordado de esos que la vieja nos enseñó de chiquitos, cualquier porquería para pasar el tiempo, porque el tiempo era una cosa jodida, ahí sepultados como colgados del infinito, eso decía, recuerdo, infinito, había que pasar ese infinito, había que esperar hasta abrir los ojos y decir, ya está, ya pasó, ya pasaron, vámonos de esta mierda, a correr por la meseta, sin mirar atrás, porque el tiempo era como gelatina que se te pegaba a los huesos, y en medio de todo eso, no sé por qué, le daba por recordar cantidad de cosas. Leer Más »

16
feb
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Bajo la sombra de Azazel: Sacrificio, alegoría y conflicto social en Ramos Sucre

Víctor Azuaje (Venezuela)

En medio de la amenaza constante, quise expiar mis culpas ignoradas y despistar los satélites de un poder asombradizo. Re­cordé la ceremonia de los israelitas con el cabrío emisario y la usé con un ave nocturna”(1) —escribió José Antonio Ramos Sucre al final de “El disidente”. El poeta incluyó el texto en el libro El cielo de esmalte y así fue publicado en 1929. “El disidente” apareció entonces a sólo un año de la implacable represión que la dictadura del general Juan Vicente Gómez realizó contra el movimiento estudiantil de 1928, pero su título políticamente inquietante no le atrajo sospechas como panfleto o denuncia. Venturosamente para el poeta, la sección final no fue examinada con rigor o recelo por los censores y la policía gomecista. Digo por ventura, porque no creo que el políglota y traductor Ramos Sucre hubiera podido demostrar que era casual el vocablo satélite, derivado del latín satelles, que tiene entre otras acepciones la de “guardián de un príncipe”, y cuyo análogo francés, satellite, lo define el Littré en inequívocos términos políticos: “Tout homme armé qui est aux gages et à la suite d’un autre, pour exécuter ses violences, pour servir son despotisme”. (“Todo hombre armado que está al servicio y a las órdenes de alguien, para ejecutar sus actos de violencia, para servir su despotismo.”) Tampoco creo que el una vez injustamente encarcelado escritor hubiera podido demostrar que había dejado ingenuamente o por inadvertencia, en el contexto de persecución medieval, esa indicación de desorientar o confundir con un ritual a los guardianes ejecutores de las violencias de un poder despótico. Leer Más »

16
feb
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Causas y defectos: cuatro poemas

Diego Mora (Costa Rica)

Cupón de descuento

Entré y de inmediato me di cuenta: ahí estaba yo Y eso no pasa casi nunca Menos en una cadena de supermercados al Sur de los Estados Unidos Me quedé mirando la nada de las cajas registradoras con filas de carritos repletos de todo y yo ahí detenido en el tiempo sin saber por qué me estaba encontrando así en una civilización no muy encontrada que digamos No sé qué iba a comprar pero me llevé a mí mismo y no me costó ni un centavo

 

A la piedra azul de Paul Auster

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Es uno de éstos Pero no sé cuál Ni siquiera conozco el programa Pero sé que es uno de estos códigos De eso no cabe duda En principio servían para instalar un antivirus pero yo estoy absolutamente convencido que hay uno que suena a jazz Suena a Lena Horne cantando Singing in the rain al final de Lulu on the bridge No me pregunten cómo puedo estar tan seguro Un siete Un cero Un guión Una té Una hache Una equis Una eme Una uve Un uno Otro guión Una pe Una jota o una ye Luego una cé Un dos una be un nueve una jota un uno Luego puede ser un cuatro una pe una a o una hache Lo más lamentable es que tal vez el programa que busco no requiera código de acceso Tal vez alguien más lo esté utilizando en este momento Tal vez sea freeware y yo ni lo conozca Talvez.exe se llame el programa Tal vez no se haya diseñado y alguien lea algún día estas palabras y lo diseñe y coloque cualquiera de las opciones como clave de acceso y me regale una copia del programa y yo lo instale emotivo pero demasiado tarde para mi satisfacción orgánica A lo mejor no se trate de un programa y este asunto de los códigos no sea más que un pretexto para llenar de ceros y unos mi alargada espera de su nombre con ceros y unos sonriendo al mejor estilo de Mira Sorvino en una azotea neoyorkina con ese cabello tan sexy al lado de Harvey Keitel repleto de ceros y unos y códigos lamentablemente equivocados Leer Más »