Dos poemas domésticos
Gustavo Solórzano-Alfaro (Costa Rica) | Sitio Web: La Casa de Asterión
Visita (dominical)
La sangre se vuelve agua y cae como cruces. Los pasos son aproximaciones de tigre hacia el cadalso.
Estas reflexiones hechas con base en pan y agua forman la argamasa de un castillo gigantesco donde duermen las doncellas antes de ser inmoladas porque así lo piden las buenas costumbres y el deseo.
Sé que mi padre me reprocharía haber abandonado mis estudios. Sin embargo, también imagino que está orgulloso de que su hijo sea un poetastro empedernido. Mi madre, por otro lado, es una mujer hermosa, bendecida por la gracia de las lluvias, envuelta en tornasoles rojos e imposibles.
Hoy toco a la puerta de mi casa. Nadie abre. Son fantasmas venidos a menos quienes habitan estas ruinas, ruinas perfectas e invisibles donde cada tanto me detengo a descansar.
Son fantasmas –no lo saben– y se han olvidado de asustar.

Escena
Es un viernes de diciembre. Primer día de vacaciones. Afuera, el sol, que en varios días no asomó, brilla como si quisiera vengarse y no me animo a salir. Todo el día he estado en el sillón de la sala, leyendo. Solo me he levantado para comer e ir al baño. En el cuarto principal (el cuarto del fondo, en realidad) ella duerme todavía. Entre ambos hay una puerta y no estoy seguro de qué irá a suceder una vez que se abra.
Van cuatro días terribles. Nada más. Cuatro días. Y no hace cinco cogíamos desesperadamente y hacíamos planes para remodelar la casa, para que el cuarto del fondo dejara de estar ahí y pasara a ser el cuarto principal. Luego, no sé qué pasó. A veces sucede: el sol brilla, todo marcha y ella sale a pasear, y cuando regresa es otra, y entonces se vienen las crisis. A veces quiero pensar que se debe simplemente a algo que comió. A veces quiero ser ingenuo. A veces quisiera dejar que todo pase y acostumbrarme a las crisis. Una de vez en cuando no estaría tan mal, a cambio de semanas de paz, sexo y planes. No lo sé. A veces tan solo quisiera correr, salir al sol, pero me quedo en el sillón, redacto esto, hago la siesta, imagino siempre que las cosas van a cambiar. De verdad que sí, de verdad que lo imagino.
Hasta que escucho el chirrido de la puerta.
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Me encanta la poesía que tiene que ver con lo cotidiano, lo doméstico…¡Excelentemente escrito Gustavo!
Muchas gracias por tus palabras, Tiba.
Saludos
Muy buenos ambos textos, especialmente el segundo, aunque el primero tiene grandes momentos, como “bendecida por la gracia de las lluvias”.
Trucoto: me alegra mucho que que te parezcan muy buenos. Sí, esa frase a mí me llega.
Saludos
Gustavo, me encantaron, y también esas juntas con las que te juntás. Sólo le pondría una coma después de “inmoladas”. Son textos pausados, para disfrutar en tardes y noches como estas.
sOren: un gusto que hayás disfrutado con los textos, “en noches y tardes como estas en que la tuve entre mis brazos…”, ah, no , eso era otro poema. Y sí, pausados, es parte de la búsqueda.
Saludos