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27 octubre, 2011

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Dos poemas

por LasMalasJuntas
Er-Luis

Luis Moreno Villamediana (Venezuela) | Sitio Web: Humor Vagabundo

Capítulo Sobre el descubrimiento del Ser

si mirara hasta dentro, de esto, digamos, como hacen
las estatuas,
con los párpados cerrados, pero en verdad mirando
todo allí, como estatua,
las costillas de piedra de la estatua,
la vida callada, de piedra, de esa estatua,
¿qué vería uno, uno que es otra cosa, al parecer,
no un colgajo de piedras,
como la tal estatua?;

a lo mejor, quién quita, la foto de sí mismo, de niño,
rodeado de más rostros, felices, como en un cumpleaños;

a ese cartón llamamos Ur-recuerdo;

ojalá hubiera sido, yo, Niño en otra parte,
con la misma familia;
tengo nostalgia de todo lo omitido
desde siempre, una lámina, distinta sin duda, con las mismas personas
de esa fotografía;

ojalá un cartón diferente se irguiera en recuerdo,
con una casa algo oscura,
con un invierno de luces opacas, muchas sombras en todas las paredes, lo que uno pensaba que podrían ser fantasmas de muertos obstinados; no está del todo mal imaginarse esos desvíos de uno, esas disímiles posibilidades, de eso llamado el Ser;

el Ser de mi infancia pudo tener otro pasaporte; quizá verde; me gusta creer que la luz de un candelabro, cuando hay frío alrededor, define la hermosura del Ser; del Ser el humo de una vela en las paredes escribe una historia;

es eso lo que veo adentro al mirarme;
Luis con una gorra gastada encima;
algo de cuadros escoceses, algo encontrado en un closet, húmedo,
una tarde, sobre el coco;

quisiera haber sido más torpe al hablar,
confundir frases del idioma de mi padre
con otras, de una lengua materna
igualmente confusa;
pero me tocó este falso dominio de estas santas palabras que uso
con la certeza de un loco
que repite
lo mal oído en una grabación;

siendo yo he estado años, y ya estoy exhausto;

este tipo, este Luis, de tantos años consigo solamente,
esta máscara real,
con los ojos volteados hacia aquello más suyo,
llegó hasta sí de lejos, de un gran viaje, dormido, todo el tiempo dormido en otro destino anterior a éste que tiene; después de pasar años siendo el mismo, y, cansado, se ha puesto a recrearse, sentado en un sillón, otros asientos, otras fiestas bajo astros desiguales;

de dónde es este Luis ya no importa;
apenas cuenta de dónde vaya a ser cuando cierre los ojos
y con secretos bombillos         —adivine su corazón de roca
cambiándose de lado,
en su cuerpo,
—diga siempre otra cosa, nunca lo que se oye,
una oración que no se pronostique,

quizá un reclamo por no estar de más eras cansado
de la misma igualdad

Capítulo A propósito de las renovaciones

si hay que volver al pasado y destruir la casa vieja, con mandarria,
mis padres, mis hermanos
y yo-esto;
echar abajo los escalones de madera, teñidos
de cera roja;
cambiar la estructura del garaje, hacerla oscura, como una bodega;
darles menos luz a los pasillos;
mantener el jardín con la mesa de hierro, pintada de negro, y las sillas de hierro, pintadas de negro; mantener las negras hormigas del jardín, que comíamos, a veces, mis hermanos y yo,
no por el hambre, sino por la costumbre, no siempre ejercida,
de alimentarse de bichos; (más de cien patas por cabeza;)
derribar el cuarto de huéspedes, en la planta baja;
abrirle una ventana a la cocina, que dé a alguna calle
flanqueada de tilos
y plátanos deformes;

a veces quiero traicionar mi infancia;
quiero un loco en un desván, alguien que cuente historias, de la guerra, de un paisaje, lunar y tranquilo, posterior a todo, de una vida de comerciante, o de mercero, en una ciudad de bajos edificios, muy cortos, de un amor postergado por varias mudanzas,
con caballos,
de país en país, hasta éste, cambiado, donde el loco hace ruido, con un plato de peltre, al mediodía, el loco, que pide la comida;
las traiciones modestas,
incompletas,
sonsas,
no me llenan de culpa;
el Ser se forma de imágenes, también, recibidas de noche,
en el sueño,
donde son comunes las metamorfosis;

pongo en mi puesto otro niño de seis o siete años, con los mismos juegos pero otras estaciones;

la casa igualmente ha mudado de aires; hay más eco en los muros tiznados;
va a empezar a llover por dos meses,
hay que ventear las sábanas, los guantes, las cobijas, y disponer las velas,
prepararse para seguirle el viaje de esquina a esquina a las arañas,
translúcidas
e inofensivas,
y resistir los embates de la ciudad, que se hunde;

me emociona haberme separado
de mí mismo
al nacer

Trejo-fotoLuis Moreno Villamediana (1966). Ha publicado los libros Cantares digestos (1996), Manual para los días críticos (2001), En defensa del desgaste (2008) y Eme sin tilde (2009). Obtuvo el Premio Internacional de Poesía Pérez Bonalde en 1997. Fue incluido en la antología Cuerpo plural. Antología de la poesía hispanoamericana (2010), a cargo de Gustavo Guerrero. Junto a Carolina Lozada administra el blog de reseñas y crítica literaria 500 ejemplares.
Fotografía: Ednodio Quintero.
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3 comentarios Añadir un comentario
  1. oct 28 2011

    Hermosos poemas. Me gustó especialmente el último “a proposito de las renovaciones” me recuerda mucho mi propia infancia. “a veces quiero traicionar mi infancia;
    quiero un loco en un desván, alguien que cuente historias, de la guerra, de un paisaje, lunar y tranquilo, posterior a todo, de una vida de comerciante, o de mercero, en una ciudad de bajos edificios, muy cortos, de un amor postergado por varias mudanzas,”

    Responder
  2. nov 2 2011

    Poesía y caja de juguetes. Escaparate con espejo, y el lápiz de un poeta ¿cómo escapar de esa atmósfera que su grafito, que su tinta, nos ha dejado?

    Responder
  3. nov 2 2011

    Espero que se acepte o perdone que un mal juntao comente a otro:
    1. El tema de “Luis” o del yo en la poesía de Luis Moreno Villamediana tiene larga historia que habrá que revisar para enlazar a éstos en la serie.
    2. Mezclar al “Ser” y a Luis —con mayúsculas— y al yo, —con minúscula— invita a la confusión de índices y de filosofías. Elija Ud. el Luis y el yo poético, mientras que yo pienso en Aristóteles y los medievales, en Heidegger —el Ur-recuerdo, el problema del volver al origen y el del olvido (la aletheia)—y en Deleuze —lo virtual, lo actual y lo real, junto con la comunidad de los planos y los plateaus—, para referirme al “Ser” de los trascendentes y los inmanentes.
    3. Habrá quienes escudriñen en el misterio de la inscripción, en el cartón-foto y en el poema, de Luis y el yo, y el Ser, con lo que regresamos a la trascendencia y la inmanencia.
    Ya sé, dejo más una lista de problemas que de respuestas.

    Responder

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