Tres poemas
Rafael Rubio (Chile)
Sextina de la miseria
Sólo podemos financiar el cuerpo
con la parte más pobre del espíritu.
Más ajena es la vida que la muerte
si toda madre es hecha de pobreza.
Pues muerte y vida son míseros bienes
que nos confisca el padre allá en los cielos
después de haber rumiado nuestra ruina
como si hubiera sido nuestra casa
¿Será mejor abandonar la casa,
huir del cuerpo igual que de la muerte
como el que deja atrás su propia ruina
para buscar consuelo en la pobreza?
¿O ya no hay casa que dejar, ni cielo
y son ajenos todos nuestros bienes?
Si son ajenos todos nuestros bienes
y no habitamos nunca más la casa
¿Para qué ver la ruina allá en los cielos
si nunca hubo otra casa que la muerte
ni otro bien que no fuese la pobreza
ni otro mal que una madre hecha de ruinas?
Huir de casa es ir hacia la ruina
edificada con los propios bienes
adeudados ha tiempo a la pobreza.
Y no habitamos nunca ajena casa
pues todo bien ajeno es de la muerte
y la muerte es la ruina de los cielos.
Mejor será ir pensando que en el cielo
se vuelve generosa nuestra ruina
y no es tan mala idea ir a la muerte
a cobrar nuestra parte de los bienes.
Y ya que nos echaron de la casa
buscaremos refugio en la pobreza.
Buscaremos refugio en la pobreza
pues el hambre es la puerta de los cielos
y fuera de la sed, no hay otra casa
ni otra madre en las venas que la ruina.
¿A qué padre dejarle nuestros bienes?
¿A qué madre soltarle nuestra muerte?
Si duele más la casa que la muerte
mejor huir, que la pobreza es cielo
y los bienes son hijos de la ruina.

Sextina de la escasez
No hay comercio peor que el de la muerte
cuando se transa a rastras por el hambre.
Porque los pobres son muertos en vida
y el alma es monopolio de los ricos.
Si de los miserables es el cuerpo
es cosa hereditaria la pobreza.
Patrimonio del rico es la pobreza.
No hay salario mejor que el de la muerte
para el sostenimiento de sus cuerpos
y cosecha de cardos para el hambre.
Que los pobres producen para el rico
frutos que no podrán colmar sus vidas.
Pues los frutos serán para la vida
lo que las piedras para la pobreza.
Y si el alma es un lujo de los ricos
los pobres no tendrán más que su muerte
como herencia a los hijos de sus hambres
que alcanzarán apenas para el cuerpo.
Cuando escasee el alma y sobren cuerpos
para oferta y demanda de sus vidas
un bien de lujo habrá de ser el hambre
para quienes heredan la pobreza
y no sabrán que el pan que da la muerte
se amasa siempre en casa de los ricos.
El alma es patrimonio de los ricos
porque los pobres solo tienen cuerpo.
Para el hambriento es pan de dios la muerte
mientras al rico dios cuide su vida
como al pobre le cuida su pobreza
e igual que a un bien preciado le da el hambre.
Del padre el hijo heredará su hambre
destinada al consumo de los ricos
que ven como una peste la pobreza
pues maldición es mantener el cuerpo
a salvo del comercio de la vida
y -aún peor- a expensas de la muerte.
Un día sea el hambre alma del cuerpo
Y acá en la vida, pero no en la muerte
el pobre será rico en su pobreza.

Sextina de la escasez
Has de saber que la miseria, Títiro
es don del cielo. (Hubiste de obtenerla
a punta de plegarias). Deberías
dar las gracias, por último, o guardar
un silencio religioso:
la tierra es pobre por naturaleza.
(Mas, cedes a la lengua como a un látigo
para fustigamiento de los pródigos
y poderosos miembros de la corte
que a juicio tuyo hubieron de engañarnos)
No arderán los graneros del imperio
ni las abejas abrirán, gozosas
la colmena, tan pródiga en zumbidos
mas no de miel, como bien zumbas, Títiro
en uno de tus últimos panfletos.
En la casa del padre, el fariseo
se solaza en el arte del espíritu
y del descaro, pero de su parte
estará la palabra y el cuerpo.
Ya no quedan almas como la tuya
y la tierra se ha llenado de sombras.
La miseria es el pan de cada día
y hay tantos muertos en la tierra, Títiro
que haría faltan tres o cuatro dioses
para resucitarlos a todos.
Mas, déjame decirte que tu queja
será escuchada -a rastras- por los sordos
y por los pocos blasfemos que aún
no han sido pasto de las llamas, Títiro:
al mercado del alma, los hambrientos
no entrarán ni con santos en la corte
ni con el doble filo de la lengua
en alto, habrán de entrar en parte alguna:
al hombre que nació para martillo
le caerán los clavos desde el cielo.
Sin embargo, pastor, sigues quejándote
en una lengua muerta, con ofensas
agudas, que podrían ser letales
si no estuvieran hechas de tu espíritu.
Mas, tus estrofas sáficas, escritas
en horas de penumbra, son leídas
cual meros documentos de una época
difícil, pero digna de memoria.
En fin, en estos tiempos el espíritu
es una enfermedad del cuerpo, Títiro,
y no un relincho de la luz ni el aire:
¡en tiempos de escasez sobran los muertos!
Y escúchame, que en años de codicia
no es bueno desear tanto la luz, porque ese vicio
puede llegar a oscurecer tus días.
La miseria es el sol de cada noche
Que así -como dijeron los profetas-:
hay tantos muertos en la tierra, Títiro
que habría que enterrarlos en el cielo.

• Poemas pertenecientes al libro Mala siembra (en prensa)
Rafael Rubio (Santiago, 1975). Poeta. Doctor en literatura por la Universidad Católica de Chile. Actualmente, dicta clases en dicha universidad y en la Universidad Diego Portales. Ha publicado los poemarios Arbolando (1998), Madrugador tardío (2000), Luz rabiosa (2007) y Caudal (2010). Parte de su obra ha sido recogida en diversas antologías de circulación nacional e internacional, tales como Antología de la joven poesía chilena (1999), Cantares. Nuevas voces de la novísima poesía chilena (2004), Poéticas de Chile / Chilean poets on the art of poetry (2007) y Los cuatro puntos cardinales son tres: el Sur y el Norte. Poesía chilena (2009). Primer lugar en el Concurso de Poesía FEUC (1997), Premio de Poesía Joven Armando Rubio (2001) y Premio de Poesía Pablo Neruda (2008). Invitado al Festival Internacional de Poesía de El Salvador 2009. Traducido al inglés, al alemán y al griego.
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Rafael Rubio (Santiago, 1975). Poeta. Doctor en literatura por la Universidad Católica de Chile. Actualmente, dicta clases en dicha universidad y en la Universidad Diego Portales. Ha publicado los poemarios Arbolando (1998), Madrugador tardío (2000), Luz rabiosa (2007) y Caudal (2010). Parte de su obra ha sido recogida en diversas antologías de circulación nacional e internacional, tales como Antología de la joven poesía chilena (1999), Cantares. Nuevas voces de la novísima poesía chilena (2004), Poéticas de Chile / Chilean poets on the art of poetry (2007) y Los cuatro puntos cardinales son tres: el Sur y el Norte. Poesía chilena (2009). Primer lugar en el Concurso de Poesía FEUC (1997), Premio de Poesía Joven Armando Rubio (2001) y Premio de Poesía Pablo Neruda (2008). Invitado al Festival Internacional de Poesía de El Salvador 2009. Traducido al inglés, al alemán y al griego.




