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27 abril, 2012

Ejercicios de microficción (segunda parte)

por LasMalasJuntas
Payares-Foto

Gabriel Payares (Venezuela)

El artefacto

Según lo estipulado en sus planos originarios de autoría desconocida, el artefacto generaría tanta electricidad como hiciera falta, librando al mundo por siempre de la quema de sustancias contaminantes y de la fisión nuclear y sus riesgos apocalípticos. El quid de la cuestión, una vez ensamblado el complejísimo armatoste, estuvo en el modo de resguardarlo de las ambiciones humanas: sumergirlo en el lecho marino, incrustarlo en el núcleo de la tierra o incluso lanzarlo a la superficie lunar, lejos de cualquier territorio delimitado y de cualquier campo de influencia. Pero ninguna de estas soluciones contemplaba el chance de corregir algún eventual desperfecto. Cuando no hubo ya más opciones que discutir, un ánimo sombrío se instaló en el rostro de sus inventores: el aparato encarnaba poderes y peligros inconcebibles, y la lucha por controlarlo costaría a la larga muchas más vidas humanas de las que ahorraría su ideal funcionamiento. Fue así que decidieron desmontarlo pieza por pieza y publicar un reporte final que anunciaba la imposibilidad de la empresa, amparada en ciertas leyes inquebrantables de la física. Semejante fracaso fue recibido con desesperanza por los líderes mundiales, que anhelaban retrasar la inminente contienda por los recursos energéticos tradicionales. Los científicos, entonces, fueron puestos de inmediato a producir nuevas bombas atómicas.

La bienvenida

Uno termina acostumbrándose a esta isla desierta. En especial alguien como yo, siempre amenazado por la marea inacabable de gente que se extiende hasta donde alcance la mirada, y que lo devora todo al paso de su inocultable presencia. Ya casi no siento el sol en la espalda, ni el hambre acumulada, ni la sal del viento en las mejillas; he ido haciéndome invulnerable con cada lento embate de las olas. Sólo en mis sueños, últimos recuerdos de aquella anterior existencia, se me ha revelado el destino traidor que me depara: tornarme  aquí mismo en piedra, en roca, en despeñadero, contra el que arrastre el mar tirano al incauto navegante. Las olas y el viento acallarán cualquier vestigio de palabra. El golpe será la única bienvenida.

El hombre orquesta (tributo desafinado a Pessoa)

La orquesta cupo entera en los cuatro costados del baúl: trompetas, flautas, incluso el aparatoso trombón. Pero al disponerse a cerrar la tapa de un golpe y a sellarla para siempre con un inmenso candado, lo congeló el miedo imposible de estarse encerrando a sí mismo: se le antojó de pronto desolador el voluntario exilio de los cuerdos, la soledad que implica ser siempre el mismo y llamarse igual, tocando siempre la misma partitura. Incapaz de dar aquel último paso, dejó la tapa entreabierta y le dio a cada instrumento el beneficio de una última melodía. La orquesta ese día sonó más alegre que nunca. Muy pocos entendieron que se trataba de una nota de suicidio.

La otra odisea

Nunca estuvo Ítaca tan lejos, como en el pleno abrazo de Calipso.

Buenos cristianos

Después de tan repetidos fracasos, decidimos unánimemente implementar una estrategia muchísimo más radical. Así, en vez de combatir el hambre y la miseria, empezamos a fomentarla universal y democráticamente; en lugar de perseguir la igualdad y la libertad fraterna, impusimos un brutal sistema de exclusiones; y en lugar de combatir la influencia corruptora del capital, lo vendimos todo al quien ofreciera el mejor precio. La rapidez con que nuestro imperio se propagó en cada país de la tierra constituye la prueba máxima de que avanzamos por el camino correcto: uno opuesto al que tanto anhelamos alcanzar. Pronto no quedará más que sentarnos a esperar el descalabro: la Revolución inminente traerá la guillotina, y nosotros ofreceremos un rostro altivo a la muerte, sabiéndonos, en el fondo, sus mártires y salvadores.

Trejo-fotoGabriel Payares (Londres, 1982). Licenciado en Letras (UCV- Venezuela), ganador del Concurso de Autores Inéditos de Monte Ávila Editores (2008) con el libro de cuentos Cuando bajaron las aguas (2009), y de la 5ta edición del Premio para Jóvenes Autores de la Policlínica Metropolitana y el 66º Concurso de Cuentos de El Nacional con cuentos pertenecientes a su segundo libro aún inédito. Ha colaborado con diversas publicaciones literarias, tanto impresas como digitales, dentro y fuera del país. Otros textos de Gabriel Payares en Las Malas Juntas: “Nagasaki (en el corazón)” y la primera parte de “Ejercicios de microficción”.
Fotografía: Vasco Szinetar
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