Blueberry antihéroe o las últimas dudas de Occidente
César Maurel (Francia-Costa Rica)
Conocí a Gir por intermedio del teniente Blueberry. Recuerdo aquel amor a primera vista. Uno de aquellos amores infantiles irremediables, absolutamente carentes de razón, de esos que van construyendo los criterios que en la edad adulta sólo pueden ser objetos de conjeturas o preguntas sin respuestas. ¿Qué fue lo que entonces nos cautivó en forma tan definitiva?
Exilio y lenguaje. Octavio Armand y la tradición literaria cubana
Johan Gotera (Venezuela)
El poema “La desesperación como superficie” parece contener los rasgos generales de la exigente poética que Octavio Armand ha desarrollado durante los últimos cuarenta años. En el espacio de ese poema emblemático se cruzan el impacto del exilio y la torsión que padece el lenguaje bajo el peso de esa experiencia desintegradora. El poema nos habla de un desgarrón, de una despedida que produce una inestabilidad en la que se tambalea por igual la tierra firme del sentido y el orden del lenguaje. Podemos decir además que en ese poema el exilio aparece no solo como tópico sino que se cumple propiamente en el lenguaje, de ahí que encontremos lo descrito en el poema como un paisaje disperso y fragmentado, en donde las palabras mismas son separadas por una cruel arbitrariedad silábica. Se rompe el espacio, la perspectiva, pero también el cuerpo de las palabras. En la complejidad del poema el retrato familiar aparece roto, alterado, y nociones como patria, historia, comunidad o propiedad se muestran como escombros destituidos, hechos trizas. La propia agitación y el ritmo entrecortado del poema parecen señalar una descomposición que transcurre en varios niveles de su obra: aquella descomposición que ocurre en el lenguaje descoyuntado y en el escenario de mutilación corporal que permanece como fondo constante de su obra. Leer más 
Las instrucciones de Fedosy Santaella
Jesús Suárez (Venezuela)
En principio, se percibe como una tarea fácil: reúna usted un montón de escritos de diverso pelaje y podrá armar su propio puzzle literario. Visto desde ahí, parece sólo una cuestión de formas. La miscelánea sería el mejor ardid para aquel que rehúye darse de cabeza contra el género de turno. Suele ocurrir, sin embargo, que estos libros aparentemente des-generados, indómitamente refractarios a los códigos de lectura convencionales, esconden el más denso contenido que podamos imaginar. Lo que se juega, ni más ni menos, es la propia piel del autor. Severo Sarduy, en su introducción al Cristo de la rue Jacob hablaba de un inventario de marcas, no sólo físicas sino mnémicas. Escritura del cuerpo y la memoria: ¿habrá mejor definición para la autobiografía? Y es que, difícilmente, existen obras tan íntimas y personales en la literatura hispanoamericana como Manual del distraído de Alejandro Rossi, Movimiento perpetuo de Augusto Monterroso o El arte de la fuga de Sergio Pitol. Leer más 
Los días después de Roberto Bolaño
Blas Dotta (Uruguay / Costa Rica)
Acerca de Los sinsabores del verdadero policía
“¿Qué hay detrás de la ventana?”, interroga Roberto Bolaño en el memorable final de Los detectives salvajes, novela que lo catapultó como el narrador poderoso que es, devenido luego de su prematura muerte en mito; traducido, publicado, venerado.
Suponían sus lectores que ya no escribiría más, que sobrevendría el alivio, la calma para reorganizarse. Sin embargo, con la reciente publicación de Los sinsabores del verdadero policía (Barcelona: Editorial Anagrama, Colección Narrativas Hispánicas, 328 pp., 2011) impulsada por sus herederos y por el célebre agente literario Andy Wylie, el Chacal, quien adquirió después de su muerte los derechos de la obra de Bolaño, la respuesta es obvia: detrás de la ventana lo que hay es otro libro de Bolaño y así se completa una suerte de extenso tríptico que nace desde Los detectives salvajes, prosigue en 2666 y se completa con Los sinsabores del verdadero policía.
De esta forma, el lector asiste atónito a una misma trama, a un mismo desastre, a un viaje imposible que exige investigar posibles desenlaces; participa como lector-sabueso de la materia misma a la que Bolaño condena a la palabra sin dar tiempo a descifrar sus caligramas, la topografía con las que intentaba mostrar la interioridad del signo mismo. Leer más 
Que nadie se mueva, de Denis Johnson
Gustavo Valle (Venezuela / Argentina)
Denis Johnson se convirtió en escritor de culto al publicar Hijo de Jesús en 1992, un libro de relatos alimentado con la experiencia autobiográfica de sus adicciones al alcohol y la heroína. Años más tarde, en el 2007, Johnson terminó siendo el escritor consagrado por editores, colegas y críticos al obtener el National Book Award con su monumental novela sobre Vietman, Árbol de humo, que fue también finalista del premio Pulitzer de ese mismo año. Entre un libro y otro, Johnson publicó varias novelas, firmó guiones de cine y obras de teatro y compiló las crónicas y ensayos que había publicado en diversos medios como New Yorker o Harper´s Bazar, bajo el título de Seek: Reports from the Edges of America & Beyond. Pero antes todo de eso, es decir antes de 1992, Johnson ya contaba con cuatro libros de poemas y otras cuatro novelas, entre las que destaca su poderoso debut, Ángeles derrotados (narración que escribió mientras era profesor de escritura creativa en una prisión estatal en Arizona), u otras novelas con títulos que parecen salir de su confeso estatus de cristiano no convencional: Resurección del hombre ahorcado. Jesús, ángeles, resurrecciones: palabras que remiten a una obra que acoge a los grandes perdedores de la noche americana, las víctimas-victimarios que suelen llevar consigo el ambiguo destino del delito y que la pluma de Johnson empuja hacia universos de libertad salvaje o los hace esclavos de una redención eventual. Leer más 
Patience: After Sebald, de Grant Gee
Leandro Fanzone (Argentina)
Con precaución, a la mañana me había dispuesto a releer Los anillos de Saturno; para cuando llegó la hora de salir, ya estaba permeado por ese ánimo bajo y taciturno que emanan todos los libros de Sebald. Afuera ya era de noche y había una niebla extraordinaria; crucé Buenos Aires hasta La Boca, donde estaba el cine, y me quedé observando ese lugar habitualmente colmado ahora vacío de personas, con una bruma encendida de luces vagas flotando sobre el Riachuelo, el puerto abandonado hace tantos años… Sebald conjuraba. Lo que sigue es una forma dilatada de una proposición adversativa. Leer más 
Blanco Nocturno, o las nuevas formas del castigo
Fedosy Santaella (Venezuela) | Sitio Web: Caja virtual
Empecemos por el comisario Croce, el teórico de las intuiciones artísticas de las que habló alguna vez Rubem Fonseca(1) en El gran arte, intuiciones que Ricardo Piglia adjudica a Dupin y a Holmes, dos grandes detectives de la literatura que trabajan con una teoría a priori para luego irla encajando con los hechos. En Blanco nocturno se trata del punto de vista. Dice Croce: «Comprender (…) no es descubrir hechos, ni extraer inferencias lógicas, ni menos todavía construir teorías, es sólo adoptar el punto de vista adecuado para percibir la realidad.» Leer más 
Cartografía del miedo
Gustavo Valle (Venezuela / Argentina) | Sitio Web: The Cuatreros
No es una narco novela a pesar de sobrevolar los años setenta, ochenta y noventa marcados por el narcotráfico en una Colombia asediada por la violencia. Tampoco lo es aunque sus personajes estén sumergidos o salpicados por sangrientas reglas de juego a los que toda una sociedad debió acostumbrarse. Más bien se trata de un relato generacional, el de los nacidos en los años setenta, marcados durante su niñez y adolescencia por un país que se hacía la conveniente vista gorda y en el que un Pablo Escobar podía ser diputado por el Congreso, asistir a la toma de posesión de Felipe González y exhibir su riqueza y crueldad de las maneras más extravagantes, bien sea construyendo un formidable zoológico (la Hacienda Nápoles) al que todo niño colombiano deseaba ir, o haciendo volar por los aires un avión lleno de pasajeros sólo para atentar contra la vida de un hombre, César Gaviria, que jamás se subiría en él. Leer más 
Del terrible oficio de contar nuestro pasado
Diego Rojas Ajmad (Venezuela) | Sitio Web: Saparapanda
¿Podríamos concebir una historia literaria que no truncara la literatura?
Paul de Man
Luego de hojear la historiografía literaria hecha en Venezuela, que no pasa de seis obras elaboradas en un período no mayor de cien años, la sensación que queda en el lector es la de estar en presencia de una obra inacabada, de un mármol a medio cincelar. Leer más 







