La orientación del péndulo
Albino Chacón (Costa Rica)
El gigantismo de China asusta, sobre todo a aquellos que venimos de países pequeños y en donde, además, todo tarda una eternidad en hacerse. Si un turista quiere sacar una fotografía que exprese bien lo que está pasando en las ciudades chinas, solo tendrá que fotografiar un paisaje en donde lo que domina son las grúas, que cubrirán todo el ángulo de la cámara y más allá.
La ebullición constructora en Pekín satura la vista en ciertos barrios, sobre todo en aquellos hacia donde la ciudad comienza a extenderse, hacia las afueras del este, donde vivo y donde todavía (un todavía cada vez más precario) persiste la atmósfera de los mercadillos, de las bicicletas, de las ventas de comida y ropa en las calles y las peluquerías improvisadas en las aceras.
Hay un refrán chino que dice que si un pueblo quiere enriquecerse, lo primero que debe hacer es construir caminos. Y ahí está China construyendo carreteras por doquier; o la apuesta que ha hecho por el sistema de transporte ferroviario a través de toda la geografía del país, cruzando los desiertos, horadando las montañas una tras otra con sus múltiples túneles o tendiendo puentes de kilómetros y kilómetros de extensión sobre ríos y despeñaderos, para no hablar de las autopistas de varios niveles dentro de las ciudades, como serpientes enroscadas que se mordieran la cola en cada curva. Leer más 
Dos cartas
Marc Caellas (España)
En noviembre del 2011 me pidieron una nota periodística sobre mi relación de amor/odio con Carcelona. Escribí un texto que fue nota de portada en la ya extinta revista mensual Barcelonés. Lástima que, por error, se le atribuyó a un tal Jordi Caellas, desconocido para mí.
Como anexo a esa nota grande, de tono periodístico, decidí escribir una carta de despedida a mi ciudad natal, con otro tono, otro estilo.
En ese momento, seguramente porque mis textos nunca estuvieron on-line, nadie reparó en que era un remake de un texto que le escribió Leo Felipe Campos a Caracas y que había circulado por las redes sociales con relativo éxito.
Ha pasado un año, ha llovido bastante, pero acá están las dos cartas, dedicadas, como no, al gran Mario Bellatin. Dios los crea y ellos se junta, dice el refranero. Las malas juntas… Leer más 
La mudanza
Leo Felipe Campos (Venezuela)
Esa noche pensé por unos instantes en el futuro. Acababa de mudarme por vigésima vez, pero era la primera que lo hacía junto a una mujer que amaba y no era mi madre.
El lugar, cuando llegamos, se veía simpático, pero sin alma. Lo supimos convertir en el refugio encantador de una generación de amigos que a partir de entonces tuvieron su espacio propio para reír por las noches. Había un tubo atravesado en la sala, un baño pequeño, un cuarto que nacía desde la nada, a mitad de la cintura, desde una pared, y un patio que daba hacia un cerro lejano con casas pobres. Allí construí y compartí un hogar desde cero no solo con alguien distinto a mi madre, sino, también, a cualquier compañero del trabajo o la universidad.
Fue la vigésima de mis mudanzas y estaba con una mujer que amaba, o que creía amar, después creí amar y finalmente supe que no amaba, para contradecirme durante años, una y otra vez hasta mañana, cuando vuelva a despertar.
De niño solía soñar con una cocina amplia y brillante, y una mujer en ella, sirviéndome el desayuno con una de mis franelas sobre su cuerpo flaco. El desayuno era un cereal, un sandwich, algo leve e infinito, como la imaginación infantil. Yo era muy pequeño, pero ya tomaba café en las mañanas y en las tardes, y me gustaba soñar eso porque me hacía sentir grande. Leer más 
El teleférico del país en que naciste
Gustavo Valle (Venezuela / Argentina)
Recibir la invitación a participar en calidad de orador, cronista u observador anfibio de la celebración del Día dela Madre (en Venezuela es el segundo domingo de mayo pero en Argentina es el tercer domingo de octubre) fue demoledor.
Durante varios días me encerré en mi estudio a cocinar severas y hondas reflexiones que arrojaron, entre otros resultados, esta primera y reveladora conclusión: soy un venezolano que no vive en Venezuela.
Algunos juzgarán esto como algo demasiado obvio, incuestionable. Pero se equivocan. En asuntos de geografía y educación sentimental las cosas no son tan sencillas. Intentaré explicarme.
Me considero un extranjero que habla y piensa como venezolano y todo parece indicar, hasta que se demuestre lo contrario, que seguiré siendo aquello que nadie sabe exactamente qué diablos es y que se denomina venezolano. Leer más 
Caracas o las variaciones mutantes del Síndrome de Estocolmo
Dayana Fraile (Venezuela)
Regreso a Caracas como un paranoico a sus delirios. La montaña verde cruzada por el teleférico representa el prodigio del hombre que se balancea sobre la telaraña. Hace mucho tiempo, como este hombre creyó que resistía fue a llamar a otro… Y así hasta los diez millones. La telaraña no transigirá con restauraciones ni arreglos de ningún tipo, por el simple hecho de estar sujeta a un destino fantástico y estremecedor. Es como un cuento de Edgar Allan Poe. La telaraña suspendida en la eternidad, siempre a punto de colapsar pero, paradójicamente, siempre salvándose a último minuto. Una fuerza oscura la sustenta (una maldición o algo parecido). Muy pronto, los tentáculos de la tenebrosa telaraña logran ceñir de manera definitiva el cuello de la ciudad dormida. Leer más 
Una novela china para soportar el invierno nuclear
Ednodio Quintero (Venezuela)
La estación invernal no es mi favorita, pero si pasas un año seguido en un país de la zona templada no puedes eludir el invierno ni ninguna estación. El 1º de diciembre tuve un primer encuentro con el frío de enanos de esta ciudad que tanto me fascina y erotiza, cuando fui a pagar una promesa al centro de Shinjuku, allí donde la estación de trenes del mismo nombre tiene 56 salidas. Más vale saber por dónde vas a salir. Aunque acerté con la salida, el frío me dio algunos golpes bajos, tan bajos que casi se me congelan los pies, que es quizá la zona más sensible que tengo, tan sensible que si se me enfrían en la noche no puedo conciliar el sueño. Leer más 
Buenos Aires, o vivir en la penumbra
Omar Genovese (Argentina) | Sitio Web: El fantasma
Sin posibilidad de reyes, ni de reinas plateadas, Buenos Aires es una ciudad deformada a espaldas de la corriente de un río tan oscuro como su pasado. Desde siempre (porque la continuidad de la historia es un bien argentino), su cabeza de mosca insomne ha dirigido el destino del país. Qué vago lo que enuncio, pero, para quien ha nacido frente a los diques del puerto, en un hospital gremial, ¿qué es el ser porteño? Nada. Una absoluta vacuidad. Leer más 
Caminando después de la emboscada (14-9-01)…
Boris Muñoz (Venezuela)
Todo –salvo la muerte– puede ser corregido
las dinastías restauradas
los sistemas repuestos en sus sitios
las ciudades derruidas
Los desechos de vida zurcidos en colores
por sucesivas primaveras
La muerte sola –es su meollo–
Está exenta de cambio.
Emily Dickinson -749
“Próxima estación: New York Penn Station”, dijo la voz de la acomodadora. El tránsito hacia la ciudad acababa de ser reiniciado y ahora el tren partía de la estación de Newark avanzando despacio. A la derecha, entre una tupida maraña de árboles el skyline de la ciudad comenzaba a perfilarse. Leer más 
El Equanil va por dentro*
Carolina Lozada (Venezuela) | Sitio Web: Tejados sin Gatos
Renato:
A tu edad, la muerte no es un presentimiento sino una certeza, así que no fue una sorpresa el anuncio de tu partida el día después del solsticio de verano en esos países donde los hay, porque tú bien sabes que en el nuestro no sabemos de estaciones. Aquí llueve y escampa, nomás. Leer más 








