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Entradas de la categoría ‘Crónica’

25
jul
Armado-Luigi

034 y 042

Armando Luigi Castañeda (Venezuela)

034

Te cuento de mi viaje.  Ayer me tocó hacer el tonto, víctima de los mecanismos que se crean espontáneamente para desplumar a los turistas. Resulta que el viaje de Bangkok hasta Angkor es un clásico. Son menos de 400 kilómetros pero, en la práctica, tienes la impresión de que has recorrido dos mil. Por un lado, los horarios de los trenes están diseñados para que no puedas llegar al destino antes de la media noche, si es que encuentras asiento, en un tren que tarda varias horas para llevarte a la frontera y sale una sola vez cada día. Siendo una ruta habitual me llamó la atención que hubiera tan pocos trenes, luego entendí por qué. Al no haber la posibilidad práctica de ir por tus propios medios, sólo te queda la opción de las compañías de transporte “especializadas”, que te ofrecen, o más bien te imponen, los servicios de obtención de visado y cruce de frontera (por supuesto, a un precio muy superior al oficial). Te recogen en el hotel hacia las siete de la mañana y te prometen dejarte en Angkor hacia las tres de la tarde, pero a las dos todavía estaba parado en la cola para cruzar la frontera, a mitad de camino. Durante todo el trayecto, en la camioneta hasta la frontera, el acompañante del chofer insiste en que lo mejor es pagar “un poco más” (el doble) y contratar a un taxi para llegar desde la frontera hasta Angkor, porque de otra forma hay que usar un autobús y estos vienen muy de vez en cuando; según el tipo, te pueden acabar soltando en Angkor a medianoche, pero como había reservado el hotel por Internet esto no me preocupaba demasiado. En la frontera, quienes han aceptado pagar el taxi son separados del resto y pasan sin hacer fila. Los demás tuvimos que entregar los pasaportes y ponernos en manos de un gestor, que pidió un extra por “variaciones en el tipo de cambio”. Dos chicas francesas se negaron y después de una discusión fuerte acabaron pagando (en ningún momento de la discusión les devolvieron los pasaportes, no sé qué puede haber pasado con ellos si se niegan a pagar). Leer Más »

25
ene
Chacon-Foto

La orientación del péndulo

Albino Chacón (Costa Rica)

El gigantismo de China asusta, sobre todo a aquellos que venimos de países pequeños y en donde, además, todo tarda una eternidad en hacerse. Si un turista quiere sacar una fotografía que exprese bien lo que está pasando en las ciudades chinas, solo tendrá que fotografiar un paisaje en donde lo que domina son las grúas, que cubrirán todo el ángulo de la cámara y más allá.

La ebullición constructora en Pekín satura la vista en ciertos barrios, sobre todo en aquellos hacia donde la ciudad comienza a extenderse, hacia las afueras del este, donde vivo y donde todavía (un todavía cada vez más precario) persiste la atmósfera de los mercadillos, de las bicicletas, de las ventas de comida y ropa en las calles y las peluquerías improvisadas en las aceras.

Hay un refrán chino que dice que si un pueblo quiere enriquecerse, lo primero que debe hacer es construir caminos. Y ahí está China construyendo carreteras por doquier; o la apuesta que ha hecho por el sistema de transporte ferroviario a través de toda la geografía del país, cruzando los desiertos, horadando las montañas una tras otra con sus múltiples túneles o tendiendo puentes de kilómetros y kilómetros de extensión sobre ríos y despeñaderos, para no hablar de las autopistas de varios niveles dentro de las ciudades, como serpientes enroscadas que se mordieran la cola en cada curva. Leer Más »

25
oct
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Dos cartas

Marc Caellas (España)

En noviembre del 2011 me pidieron una nota periodística sobre mi relación de amor/odio con Carcelona. Escribí un texto que fue nota de portada en la ya extinta revista mensual Barcelonés. Lástima que, por error, se le atribuyó a un tal Jordi Caellas, desconocido para mí.

Como anexo a esa nota grande, de tono periodístico, decidí escribir una carta de despedida a mi ciudad natal, con otro tono, otro estilo.

En ese momento, seguramente porque mis textos nunca estuvieron on-line, nadie reparó en que era un remake de un texto que le escribió Leo Felipe Campos a Caracas y que había circulado por las redes sociales con relativo éxito.

Ha pasado un año, ha llovido bastante, pero acá están las dos cartas, dedicadas, como no, al gran Mario Bellatin. Dios los crea y ellos se junta, dice el refranero. Las malas juntas… Leer Más »

21
jun
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La mudanza

Leo Felipe Campos (Venezuela)

Esa noche pensé por unos instantes en el futuro. Acababa de mudarme por vigésima vez, pero era la primera que lo hacía junto a una mujer que amaba y no era mi madre.

El lugar, cuando llegamos, se veía simpático, pero sin alma. Lo supimos convertir en el refugio encantador de una generación de amigos que a partir de entonces tuvieron su espacio propio para reír por las noches. Había un tubo atravesado en la sala, un baño pequeño, un cuarto que nacía desde la nada, a mitad de la cintura, desde una pared, y un patio que daba hacia un cerro lejano con casas pobres. Allí construí y compartí un hogar desde cero no solo con alguien distinto a mi madre, sino, también, a cualquier compañero del trabajo o la universidad.

Fue la vigésima de mis mudanzas y estaba con una mujer que amaba, o que creía amar, después creí amar y finalmente supe que no amaba, para contradecirme durante años, una y otra vez hasta mañana, cuando vuelva a despertar.

De niño solía soñar con una cocina amplia y brillante, y una mujer en ella, sirviéndome el desayuno con una de mis franelas sobre su cuerpo flaco. El desayuno era un cereal, un sandwich, algo leve e infinito, como la imaginación infantil. Yo era muy pequeño, pero ya tomaba café en las mañanas y en las tardes, y me gustaba soñar eso porque me hacía sentir grande. Leer Más »

10
may
Valle-Cuadro

El teleférico del país en que naciste

Gustavo Valle (Venezuela / Argentina)

Recibir la invitación a participar en calidad de orador, cronista u observador anfibio de la celebración del Día dela Madre (en Venezuela es el segundo domingo de mayo pero en Argentina es el tercer domingo de octubre) fue demoledor.

Durante varios días me encerré en mi estudio a cocinar severas y hondas reflexiones que arrojaron, entre otros resultados, esta primera y reveladora conclusión: soy un venezolano que no vive en Venezuela.

Algunos juzgarán esto como algo demasiado obvio, incuestionable. Pero se equivocan. En asuntos de geografía y educación sentimental las cosas no son tan sencillas. Intentaré explicarme.

Me considero un extranjero que habla y piensa como venezolano y todo parece indicar, hasta que se demuestre lo contrario, que seguiré siendo aquello que nadie sabe exactamente qué diablos es y que se denomina venezolano. Leer Más »