Muhammad Alí (Falso obituario)

  1. “Ali is dead”. El titular, escueto, directo, absoluto, le dio la vuelta al mundo a la velocidad de aquel jab atómico que fue pesadilla de sus rivales. Algunas personas mueren antes de que se les termine la vida. La afirmación “Murió Muhammad Alí” difícilmente hace pensar en el hombre de 65 años doblegado por el mal de Parkinson. La asociación inmediata es la imagen de aquel negro escultórico de 1,85 cm y 90 kg, moviéndose en el cuadrilátero con la gracia y fluidez de una prima ballerina, convirtiendo el ring en una pista de baile. O al deportista ruidoso, pedante, histriónico y elocuente que, en el mejor momento de su carrera, prefirió renunciar a su título de campeón antes que abandonar sus convicciones.
  2. Cassius Marcellus Clay fue su nombre de pila. Nació y creció en Louisville, Kentucky. A los 18 años ganó la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Roma. Los expertos dudaban del futuro de aquel jovencito que exhibía una técnica poco ortodoxa. Les parecía una bravuconada adolescente la defensa de un boxeador que inclinaba su torso hacia atrás para esquivar golpes, cuando el manual indicaba que debían desviarse con los puños. Tampoco comulgaban con su actitud desafiante fuera del cuadrilátero. Un joven recién llegado que no se ahorraba opiniones, que retaba abiertamente a boxeadores más experimentados que él, que no respetaba las jerarquías. Y tenían razón, Cassius Clay era todo eso. Pero lo que nadie sabía entonces, probablemente ni él mismo, es que no era sólo eso. El tiempo, que no se equivoca, se encargó de demostrarlo.
  3. Caso inusual entre los deportistas, más aún en la tribu de los boxeadores, Alí supo usar el lenguaje como una tercera mano, un tercer guante. Se sentía cómodo con las palabras. Es seguro que no conocía aquella sentencia de Paul Valéry que dice que la sintaxis es un reflejo del pensamiento. Mucho tiempo antes de que se reconociera el rap como un género de la música y la poesía popular, este personaje no necesitó más que la educación escolar básica para contestarle a los periodistas con rimas espontáneas, para animar ruedas de prensa con respuestas rimadas que iba armando sobre la marcha. Fue un pregonero de los jabs, un payador del uppercut, un trovador del movimiento de piernas. Más allá del chiste, después de la línea del humor, Alí tensaba sus declaraciones con un andamiaje de ideas y principios tan sólidos como el ladrillo de su derecha a la quijada. Ya en posesión del título mundial de pesos completos, convertido al islamismo, rebautizado Muhammad Alí, considerado subversivo por denunciar sistemáticamente el racismo de la sociedad en la que vivía, advirtió: “Yo soy Estados Unidos / Soy el pasado que no quieren reconocer; / vayan acostumbrándose a mí / negro, autoafirmado, engreído. / Mi nombre, no el de ustedes / Mi religión, no la de ustedes / Mis metas, no las suyas / Acostúmbrense a mí.”
  4. Las actividades humanas trascienden a los hombres que las practican. Los conceptos son más poderosos que las individualidades que los convierten en realidad. La literatura, por ejemplo, es más que Homero o Cervantes o Borges. El rock es más que los Beatles o Zeppelin. El cine es más que Fellini o Bergman o Hitchcock. En los deportes, el ciclismo es más que Merckx, el baloncesto más que Jordan. El fútbol más que Pelé y quizás apenas un poco más que Maradona. No es temerario afirmar que Alí rompió esa regla. Elevó el boxeo a un nivel que no tuvo antes ni después de él. Consecuente con su defensa por los derechos civiles de los negros, se negó a ir a la guerra de Vietnam. “Los blancos me quieren a enviar a matar a un pueblo del que no sé nada”. “Por qué matar por la libertad de otros cuando mi gente no es libre en mi propio país”. “Mi enemigo no es el Viet Cong, ellos nunca me han agraviado, mi enemigo está aquí”. Esto le costó los mejores años de su vida de pugilista, cuando la Corte Suprema le prohibió pelear y le despojó de sus títulos.

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lasmalas / April 25, 2015 / Ensayo / 0 Comments