Cinco poemas inéditos

Octavio Armand
Cacería
El ciervo se inclina
tras serenar sus perfiles.
Se asoma al fondo
hasta que ve sus ojos
sin saber qué son.
Finas cucharillas de plata,
llaman los belfos al agua
por el nombre que más le gusta.
Arponeadas, las burbujas
estallan en la sed.
A tao, a brisa, a transparencia,
a nada sabe el agua
mientras la lengua traza
cien círculos concéntricos;
un compás cien veces cercado
por la corriente que se remansa
pero sigue, indetenible;
cada guijarro, cada gota,
un punto y seguido de la línea
que escribe entre lo alto y lo bajo. Leer más 
Poemas
Ania Varez (Venezuela)
cuesta mirarse
en la página blanca
inmensa
virgen
monolítica
cuesta encontrar una grieta
y treparse
hacer brotar la mancha
ver fluir lo impropio
La madrugada una clase aprender a respirar café el saludo que intenta
tus palabras la mirada avergonzada que deslizo
por debajo de tu puerta erección ciudad enferma los estadistas
el anticonceptivo de hoy tres ataúdes más los periódicos
un padre nuestro acongojado agenda repleta
que te vas que regresas
te vas
te vas Leer más 
Tenemos la música: seis poemas
Jonatan Lépiz (Costa Rica)
la habitación de arlés
desde su costado de la cama.
lleva horas contemplando
algo parecido a un tapiz
que en otras circunstancias.
llamaría recuerdo.
piensa en la literatura.
en algunos cuadros
que la han hecho sentir insignificante.
sobre todo.
piensa en el hombre a su lado.
en el sexo que la penetró.
siempre
se ha sentido en alguno de los 9 círculos del infierno.
sabe que este hombre no es aquiles.
mucho menos un guerrero a la espera del valhalla.
no está hecho de versos.
no es el habitante de algún poema de miłosz.
un dios de hölderlin.
no está perdido en ninguna ciudad imaginaria.
piensa en las películas románticas
cuando solo en momentos cumbre.
los personajes eligen el amor.
probablemente.
nunca tendrá un momento cumbre.
una escena de regreso.
mira la pared durante horas y piensa en libros.
en la respiración del hombre que duerme.
suspira.
probablemente llora
y se pierde en un tapiz.
que nunca.
se atreverá a llamar recuerdo Leer más 
Poemas
Raquel Abend van Dalen (Venezuela)
Noche, finalmente azul,
profundo azul rey, marino, añil,
rey índigo, noche turquesa,
iris o lirio,
noche, porque tú no eres negra
ni blanca
tus trajes siempre caen blandos,
cerúleos,
como quien te mira
y piensa
que no tienes en dónde acostarte
porque el mar sólo
te desea
reflejo de sus vidrios,
silenciosa, para que escuches
los ronquidos del agua,
noche, porque en ti
me refugio mínima, impaciente,
contenida en tanta marea. Leer más 
Poemas
Alejandro Sebastiani Verlezza (Venezuela)
10 cosas para los poetas necios del mundo:
1) necesitas ojos calidoscópicos, también necesitas estar en un mercado y sentir todos los olores a la vez: allí descubrirás los rumores de la lengua.
2) ve cómo puedes hacer para que se muevan en tus ojos todos los anuncios de la autopista, fundidos con los corneteos y el ronroneo de los motores, grita, grita: allí descubrirás lo que está antes de la lengua: la expresión descabalgada del pensamiento, ve ahí todos los días, quédate ahí.
3) quédate a solas con un poemario, subráyalo, táchalo, encierra versos en círculos: ahora debes comértelo, debes comértelo y escupir nuevos poemas, anota en una hoja todos los versos que subrayaste, altera las palabras, mueve las frases, devasta los signos de puntuación, métete en el ritmo y tampoco salgas de ahí.
4) un poeta es de carne y hueso. tiene defectos. se cansa. ama o dejar de amar. come se emborracha. como todos, muere muchas veces bajo las circunstancias más absurdas. ah, si se descuida, también puede ser enjaulado.
5) la poesía es un radical ejercicio de la humildad y el despojamiento: un poeta es un instrumento: el lugar de tránsito entre el mundo y la expresión: la única diferencia está en la afinación y la sonoridad de cada instrumento: cada poeta tiene su la: poeta: traductor, transcriptor, editor… y sobre todo: lector. Leer más 
“Balada de un legionario” y otros poemas
Luis Antonio Bedoya (Costa Rica)
Balada de un legionario
Duermo apenas cansado;
el grotesco resuello de la vieja soldadesca,
los silbidos insectales de la madrugada,
y las pisadas improbables de funestos enemigos
apenas mi divagación escucha.
Quizás sueño, y es un solitario
jardín ese sueño de tristeza;
un sueño sin luces, de colores amargos;
entre las columnas se pasean allí sombras,
palomas desmayan en los truncos capiteles.
El frío en la muralla es fuerte
como un viejo enemigo,
el levante se ensangrienta
y parece un lugar infinito
donde nada hay sino la nada.
Con alguna enfermedad, a estas horas,
tomo tu efigie entre mis dedos henchidos
y miro con hondura como reconociendo
los trazos que solo en vos
tantos dioses dibujaron. Leer más 
Poemas
Luis Perozo Cervantes (Venezuela)
V
Es un simple asunto de voluntad. Cada tuerca conoce los pormenores de su yunta. Dejemos que caiga, entonces, hasta sus últimas consecuencias esta forma de muerte. Este doble nacimiento. Este artificio de luna sobre lago. Hay que tener cuidado con el pobre acierto, con el más pequeño de los hallazgos, el más débil, tenue, de los infartos. El temor a la dureza no es suficiente, con su color mate no se libra de las sombras. ¿Qué tibieza puede entreabrir este letargo, esta conmiseración? Desnúdate, no hay mejor discurso que la rosca.
VII
Quizá el destino común de un tornillo no sea amar. El tornillo está en otras displicencias. Sus alquimias no conocen más que la herrumbre prometida. Pero el tornillo no se aguanta más los latigazos de hielo. El tornillo es vida. El tornillo prendará de las bocas una lengua que le baste para romper su metaleria. Lo afuera, presente, del tornillo, lo detiene. No dejan hablar a sus poros. La madera, la tuerca, lo comprimen. El tornillo padece de estar atornillado.
IX
El metal, para librarse, desarrolla pulso. Late el metal, cuando la tuerca, la madera, lo oprime. El metal derrama la sangre del hierro. El pulso de plomo. Tiembla, entonces, el metal vivo, para zafarse de la vida. Para morir en el extravío. Metal: la cura es diapasón. La libertad, el extraño dolor de lo perdido. Queda la duda metódica del objeto inanimado. Queda la cura metódica del milagro. Leer más 








