Abundancia
Mori Ponsowy (Argentina)
1.
Tiene que borrar todas las huellas. Delante de ella, sobre la mesada, están las pruebas de su delito: celofán, pote de telgopor, papel aluminio, caja de cartón. Un cuchillo sucio, migas. La taza donde tomó la leche. Gotas de helado de chocolate derretido. Humedece un trapo y lo exprime bien.
La cocina es pequeña y blanca. Tiene una ventanita que da al patio interior del edificio, una heladera de las de noventa centímetros de altura, y un único mueble de dos puertas y dos cajones, donde guarda los escasos platos que tiene, los cubiertos, la sal y unos pocos alimentos.
Limpia la mesada con la rejilla, lava la taza y el cuchillo, los seca, y los guarda en un cajón. Más difícil será deshacerse de todo lo demás. El packaging. Eso que también diseñan en la agencia para los clientes. Leer más 
Wallau: seis poemas
G.A. Chaves (Costa Rica)
En una ciudad hecha de mármol cliché
desperté en una cama que no era la mía.
Regresé a casa, tomé una ducha.
Doné a la caridad mi ropa de invierno.
Hice café por la tarde y me vestí con ropas nuevas.
Me fui a despedir de una vieja amiga
en cuya cama sólo estuve por fatiga.
Hablamos de la inmigración, recuerdo.
Me preguntó si volveríamos a vernos.
Yo le dije que sí, que de seguro. Es más,
brindemos por eso. De nuevo nos ganó la fatiga.
Cada uno volvió a su respectiva tristeza.
Casi llegando a casa, en un tren por la noche,
mi hermana me llamó para decírmelo. Leer más 
Historia personal de la infamia
John Manuel Silva (Venezuela)
BOTELLÓN
De manera invariable todos los domingos alrededor del mediodía íbamos a San Bernardino en el «Avispón Verde», un Dodge Coronet realmente muy verde, el carro que papá siempre tuvo. Llegábamos al apartamento de Mauricio y nos recibía Eva, su esposa, una mujer muy blanca y rubia, también regordeta. Cuando se echaba en el sofá, sin zapatos y vestida con una bermuda de bluyín que siempre usaba para recibir, sus muslos a medio afeitar dejaban ver su piel de naranja cuarteada con algunas cicatrices y morados pequeños. Hablaba con una extraña confianza en sí misma, se regodeaba en sus propias anécdotas y terminaba todos sus soliloquios autoindulgentes con un refrán, como si la historia que estuviera contando fuera la confirmación de que los refranes no sólo son frases ingeniosas que resumen una conducta humana, sino que realmente ocurren en la vida, cual profecías del habla popular. Leer más 
Tres poemas
Carlos Calero (Nicaragua/Costa Rica)
A vista y paciencia
*
El agua afila la punta del deseo, agua color verde, agua y lengua buscando otra lengua, agua y sus manos buscando mi pene. El agua con la pareja haciendo el sexo a vista y paciencia entre las piedras y las olas.
*
El agua y un cono de volcán partido por el tiempo, escindido por el recuerdo que de alguna manera hoy nos explica el mundo. Leer más 
Caracas o las variaciones mutantes del Síndrome de Estocolmo
Dayana Fraile (Venezuela)
Regreso a Caracas como un paranoico a sus delirios. La montaña verde cruzada por el teleférico representa el prodigio del hombre que se balancea sobre la telaraña. Hace mucho tiempo, como este hombre creyó que resistía fue a llamar a otro… Y así hasta los diez millones. La telaraña no transigirá con restauraciones ni arreglos de ningún tipo, por el simple hecho de estar sujeta a un destino fantástico y estremecedor. Es como un cuento de Edgar Allan Poe. La telaraña suspendida en la eternidad, siempre a punto de colapsar pero, paradójicamente, siempre salvándose a último minuto. Una fuerza oscura la sustenta (una maldición o algo parecido). Muy pronto, los tentáculos de la tenebrosa telaraña logran ceñir de manera definitiva el cuello de la ciudad dormida. Leer más 









