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Entradas de la categoría ‘Vol. 23’

27
abr
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Cachetes preciosos bajo la luz cenital

Pablo Giordano (Argentina)

Ana Laura menea su enorme culo hacia la heladera, trae otro sándwich y lo mastica sonriendo. No lleva las pestañas de siempre ni el maquillaje, tiene unos cachetes preciosos bajo la luz cenital. Es todo. Su cuerpo es grande, deforme. Miro la casa, me aburro. La televisión ni siquiera está enchufada; se oye el vaivén del ventilador en la pieza de su madre, el arras­tre de las pantuflas cuando se levanta al baño. Lo demás es silencio. No entiendo cómo hay gente que se mueve en estos ambientes de aire quieto, sin música. Es una noche excelente para escuchar “Brighton past”, de Luca Prodan; Dancing girl with your cheap Fur on / you know I will forget you, / But for now dance on.

¿Cómo llegué hasta acá? No sé. ¿Qué desea Ana Laura? Tampoco. La excusa: mostrarme fotos. Las fotos sí me divier­ten. Cada tanto visito ancianas y dejo que me las muestren y hablen de ellas. Las escucho hasta que me corren sus hijos o la Policía. Leer más »

27
abr
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Todas las batallas perdidas

Miguel Hidalgo Prince (Venezuela)

Mi mujer decía que las cosas iban a mejorar. Y podía adivinarse en sus palabras y en la expresión con que las decía, algo de esperanza. Pura y neta. Ah, mi mujer. Por mi parte, lo veía difícil, por no decir imposible. El apartamento estaba guindando con la tercera hipoteca y el negocio iba en picada. Por aquella época era difícil vender seguros. Mireya decía que el truco estaba precisamente en transmitir seguridad. Mi problema radicaba ahí. Bastaba con verme la cara. De lo único que estaba seguro era que las cosas iban realmente mal.

Mireya era la novia de mi mujer. Para hacer el cuento corto, se había instalado con nosotros desde que Julio, el consentido de la casa, había pasado por su cuarta rehabilitación. Mi mujer la conoció años atrás en un seminario de feminismo marxista, incluso antes de haberme conocido a mí, pero nunca había sentido la verdadera necesidad de explorar a fondo su sexualidad. Tuvo que esperar a estar casada conmigo y a que las cosas estuvieran como estaban. Se reencontraron un día en la calle y fueron a una tasca por Los Palos Grandes. Mi mujer le contó todo a Mireya, y cuando digo todo, me refiero a su situación conmigo y el problemita de Julio. Leer más »

27
abr
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Ejercicios de microficción (segunda parte)

Gabriel Payares (Venezuela)

El artefacto

Según lo estipulado en sus planos originarios de autoría desconocida, el artefacto generaría tanta electricidad como hiciera falta, librando al mundo por siempre de la quema de sustancias contaminantes y de la fisión nuclear y sus riesgos apocalípticos. El quid de la cuestión, una vez ensamblado el complejísimo armatoste, estuvo en el modo de resguardarlo de las ambiciones humanas: sumergirlo en el lecho marino, incrustarlo en el núcleo de la tierra o incluso lanzarlo a la superficie lunar, lejos de cualquier territorio delimitado y de cualquier campo de influencia. Pero ninguna de estas soluciones contemplaba el chance de corregir algún eventual desperfecto. Cuando no hubo ya más opciones que discutir, un ánimo sombrío se instaló en el rostro de sus inventores: el aparato encarnaba poderes y peligros inconcebibles, y la lucha por controlarlo costaría a la larga muchas más vidas humanas de las que ahorraría su ideal funcionamiento. Leer más »

27
abr
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El bote

Juan Marcos Almada (Argentina)

Recostado en el bote, una mano ensangrentada y la otra pegoteada con guasca. A simple vista la sangre parece no ser suya, la guasca probablemente sí, tiene la bragueta abierta, la chota afuera y le duelen lo huevos. Se empuja con los codos y apoya la espalda contra uno de los costados internos del bote.  Se le parte la cabeza. No sabe si lo golpearon o si se cayó.  Hace fuerza, pero no se acuerda de nada. Se tantea los bolsillos y saca el paquete de cigarrillos. Le quedan dos. Saca uno. Vuelve a tantear los bolsillos pero no tiene encendedor. Se estira para buscar en el cajón de los aparejos una caja de fósforos, pero un dolor  a la altura del vaso lo inmoviliza. Tiene la  presunción de que alguien lo golpeó, pero sigue sin acordarse, y más que  presunción es una certeza, por la forma en la que le duele el cuerpo. Se concentra, trata de recordar la noche anterior: entró al bar, se sentó a una mesa  y empezó a tomar ese vino rancio y arenoso que vende el viejo Ledesma. Leer más »

27
abr
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Cinco fotografías

Avilio Moreno (USA) | Sitio Web: Avilio’s Island

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