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Entradas de la categoría ‘Vol. 24’

10
may
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La cueva del trono de la calavera

Sergio Ramírez (Nicaragua)

Y la vida es misterio, la luz ciega
y la verdad inaccesible asombra…

Rubén Darío

—¿Reconoce el reloj? —preguntó el oficial.

—Claro que sí, por la pulsera metálica —respondió el denunciante.

Una bandada de palomas grises salió volando de la copa del guarumo cuando les llegó la pedrada.

Son palomas de San Nicolás, Tito, dijo el Jefe, se echa de ver por lo cenizo, y de nuevo recogió una laja fina y la montó en la tiradora. Pero ya todas las palomas habían volado.

Luego tomó del brazo a Tito con la autoridad de que estaba investido, y dijo: ahora nos toca vigilar la tumba de la momia asesina. Bajaron entonces el barranco. En lo profundo corría el arroyo casi seco, que desaparecía a trechos para verterse más adelante en unas pozas cubiertas de hojas de almendro rojas y doradas que las ardillas apartaban con el hocico para beber. Leer más »

10
may
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Poemas inéditos y dibujos

Juan Carlos Mestre (España)

Apostillas al decreto de la prohibición

Lo prohibido no está prohibido para los seres que viven en el cielo
Ni a los hombres que viven en el aire les han sido prohibidas las aguas
No han sido prohibidas las mareas para las mujeres que nadan en el paraíso
Ni el aire ni el agua han sido prohibidos en la tierra donde viven los muertos
Las prohibiciones han sido prohibidas por los elegidos del aire y el agua
Los animales habitan las constelaciones. Los campesinos de la verdad
Remueven los tizones de la prohibición con la madera del pensamiento
No es necesario pronunciar su nombre para que lo prohibido desaparezca
Y queden la tierra y el cielo y las aguas todas libres de prohibición Leer más »

10
may
Gustavo-Poemas

Diario de lecturas pendientes

Gustavo Solórzano-Alfaro (Costa Rica)

Sade: el placer de la lectura proviene indirectamente de ciertas rupturas (o de ciertos choques): códigos antipáticos (lo noble y lo trivial, por ejemplo) entran en contacto…

Roland Barthes(1)

Una página que falta. Un deseo que decrece justo antes del clímax. Una lectura que se trunca. Un libro que se lee con pasión hasta la mitad y se retoma meses después; otro que se empieza varias veces hasta lograr terminarlo. Lecturas interrumpidas, lecturas a medias, lecturas perezosas, lectura descuidadas, lecturas pendientes.

*

Imaginemos un lector que todos los días se detiene en la misma página. Todos los días abre un libro y empieza en la página 10. La lee, la repite, la repasa. Cierra el libro y así por días, meses y años. Una suerte de “libro de arena” a la inversa. El tiempo detenido, los mismos caracteres, las mismas palabras, y sin embargo cada día se renueva el amor por esa página y la pasión con que es leída. El tema no es nuevo. Sus diferentes versiones están en Borges. Leer más »

10
may
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El teleférico del país en que naciste

Gustavo Valle (Venezuela / Argentina)

Recibir la invitación a participar en calidad de orador, cronista u observador anfibio de la celebración del Día dela Madre (en Venezuela es el segundo domingo de mayo pero en Argentina es el tercer domingo de octubre) fue demoledor.

Durante varios días me encerré en mi estudio a cocinar severas y hondas reflexiones que arrojaron, entre otros resultados, esta primera y reveladora conclusión: soy un venezolano que no vive en Venezuela.

Algunos juzgarán esto como algo demasiado obvio, incuestionable. Pero se equivocan. En asuntos de geografía y educación sentimental las cosas no son tan sencillas. Intentaré explicarme.

Me considero un extranjero que habla y piensa como venezolano y todo parece indicar, hasta que se demuestre lo contrario, que seguiré siendo aquello que nadie sabe exactamente qué diablos es y que se denomina venezolano. Leer más »

10
may
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Paja cósmica

Carolina Lozada (Venezuela)

Sólo cuando Víctor comenzó a masturbarse pudo saber a qué olían las manos del sacerdote que de niño le ponía la hostia consagrada en la punta de la lengua, en ese ritual litúrgico al que su abuela lo obligaba a asistir domingo a domingo con el compromiso de que luego lo llevaría a una función de cine. El aroma dulzón y algo repugnante de la mano derecha del cura se le quedaría aferrado al olfato y al recuerdo como la magdalena proustiana. Pero fue desde que descubrió, por experiencia propia, cuál era el origen de ese olor particular que el muchacho comenzó a manifestar conductas neuróticas de una asepsia oscura y enfermiza. Víctor, flaco y de piel pálida, un larguirucho apuesto, aunque bastante esquivo y de cabello graso, quería evitar a toda costa que sus manos olieran a esperma. Le causaba horrores pensar que la gente al olfatearlo descubriera su gozo solitario. Lo peor era que mientras más temía ser descubierto por las narices ajenas, mayores eran sus impulsos onanistas. Leer más »