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Entradas de la categoría ‘Vol. 27’

21
jun
Eduarte-Foto

La disección de una casa

William Eduarte (Costa Rica)

living

viviste en un edificio
con el ruido constante de los vecinos
ese movimiento triste que parece una lengua
en el oído medio

viviste en un edificio
con su propia sequía
con un ascensor pequeño
con un pasadizo que no conectaba con nadie
con nada
todos los días la misma puerta
la perilla que activa tantas manos
a punto de las lagrimas
sobre las colchas

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21
jun
Jairo-Foto

Cuatro poemas de La O azul

Jairo Rojas (Venezuela)

1

lo que me digo para usted

es que el agua saltó de más arriba de las regiones

del frío

y ahora anda unida al extenso firmamento

azul sobre azul

y a su huella vamos                             hundiendo la cabeza

en su pecho

cortando nuestra lengua torpe para escuchar su color

es lo que hay:

puntos de agua rara donde crecimos

y picos que bajan en la noche Leer más »

21
jun
Foto-Leandro-Fanzone

Patience: After Sebald, de Grant Gee

Leandro Fanzone (Argentina)

Con precaución, a la mañana me había dispuesto a releer Los anillos de Saturno; para cuando llegó la hora de salir, ya estaba permeado por ese ánimo bajo y taciturno que emanan todos los libros de Sebald. Afuera ya era de noche y había una niebla extraordinaria; crucé Buenos Aires hasta La Boca, donde estaba el cine, y me quedé observando ese lugar habitualmente colmado ahora vacío de personas, con una bruma encendida de luces vagas flotando sobre el Riachuelo, el puerto abandonado hace tantos años… Sebald conjuraba. Lo que sigue es una forma dilatada de una proposición adversativa. Leer más »

21
jun
Foto-Gabriela

Dos poemas

Gabriela Rosas (Venezuela)

Los Blandos

Los blandos se queman por dentro
muerden sus labios
viven de emociones
De noche sueñan que otros blandos existen

que también existen
Los más experimentados se disfrazan siempre
pero su máscara no los habita
Un blando sin su máscara Leer más »

21
jun
Foto-Leo-Campos

La mudanza

Leo Felipe Campos (Venezuela)

Esa noche pensé por unos instantes en el futuro. Acababa de mudarme por vigésima vez, pero era la primera que lo hacía junto a una mujer que amaba y no era mi madre.

El lugar, cuando llegamos, se veía simpático, pero sin alma. Lo supimos convertir en el refugio encantador de una generación de amigos que a partir de entonces tuvieron su espacio propio para reír por las noches. Había un tubo atravesado en la sala, un baño pequeño, un cuarto que nacía desde la nada, a mitad de la cintura, desde una pared, y un patio que daba hacia un cerro lejano con casas pobres. Allí construí y compartí un hogar desde cero no solo con alguien distinto a mi madre, sino, también, a cualquier compañero del trabajo o la universidad.

Fue la vigésima de mis mudanzas y estaba con una mujer que amaba, o que creía amar, después creí amar y finalmente supe que no amaba, para contradecirme durante años, una y otra vez hasta mañana, cuando vuelva a despertar.

De niño solía soñar con una cocina amplia y brillante, y una mujer en ella, sirviéndome el desayuno con una de mis franelas sobre su cuerpo flaco. El desayuno era un cereal, un sandwich, algo leve e infinito, como la imaginación infantil. Yo era muy pequeño, pero ya tomaba café en las mañanas y en las tardes, y me gustaba soñar eso porque me hacía sentir grande. Leer más »