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Entradas de la categoría ‘Vol. 28’

6
jul
Cristina-Rojas

Los hombres que se pintan el pelo

Cristina Rojas (Venezuela)

Yo creo que los hombres que se tiñen el cabello son personajes muy tristes. Piénsalo. Deben serlo para andar por la calle con el pelo de ese tono que no es ni ocre ni marrón. Pero además yo les distingo la tristeza en la mirada, en la ropa, en el andar. Será porque en todos veo un poco a papá, que ahora le ha dado por lo mismo.

Mi viejo, que siempre fue un tipo muy serio y muy callado, ya no luce las canas de antaño porque su lugar fue sepultado bajo ese tinte negro, más negro que el cabello de mamá. Yo recuerdo el cabello de mamá un poco; a veces las fotos me ayudan a dibujarla y otras, creo que esa mujer que evoco para mí y para los demás, los que quieran escuchar mi perorata, es en parte mamá y en parte una muñeca hecha de retazos de otras mujeres. Como la señora de un comercial que vi cuando tenía diez años y cuyos ojos parecían todos de luz, y yo me quedaba enganchado, absorto porque nunca había visto unos ojos tan bonitos. Leer más »

6
jul
Solorzano-Foto

Espíritu en rojo

José Solórzano (Costa Rica)

Espíritu en rojo fue la primera exposición de José Solórzano, realizada en la Galería Sophia Wanamaker, del Centro Cultural Costarricense Norteamericano, ubicado en La Sabana, en San José, del 3 al 28 de febrero de 2009. La serie está compuesta por veinte obras numeradas y sin título. Algunas ya forman parte de colecciones privadas. La técnica empleada en todas estas es acrílico sobre lienzo. Aquí hemos seleccionado ocho. Leer más »

6
jul
Patricio-Foto

Chola

Patricio Eleisegui (Argentina)

“Es cochina la policía, te quita la mercadería”. Maravillosa Tupiza se me aparece en la cabeza con una voz que se vuelve sirena. Una rima aguda que se desliza entre las bocinas, los platillos, las frenadas que manchan de negro el asfalto, los gritos de Hay cuatro arriba de ese techo, tírenle a esas mierdas. Una voz que se me clava en el respaldo de la silla en la que espero a Choque. La oficina de El Gran Juan Choque, como lo llamaron los que me subieron a los empujones por esta casa de tres plantas, tatuada de pedazos de ladrillos que faltan y perros flacos aullando al pie de las escaleras. La oficina de El Gran Juan Choque, al borde de una avenida Juan Pablo II de autos entrecruzados en plena calle y carros volcados con el aceite de las salchipapas todavía humeando. El único punto que me deja ver, a través del humo de los gases que cada vez se hacen espesos más y más cerca, el blanco sin manchas del cerro Illimani.

Que Choque me haya mandado a llamar. O mejor dicho, que los cuatro monos de Choque me hayan levantado de los pelos en pleno Mercado de Pulgas de La Ceja, y, revoleando billetes verdes por acá y por allá, sortearan los cascos, los escudos, y el martilleo seco de las Itakas para traerme hasta acá, habla de que el negocio no está andando tan mal. No el mío, por lo menos. Leer más »

6
jul
Blas-Dotta

Los días después de Roberto Bolaño

Blas Dotta (Uruguay / Costa Rica)

Acerca de Los sinsabores del verdadero policía

“¿Qué hay detrás de la ventana?”, interroga Roberto Bolaño en el memorable final de Los detectives salvajes, novela que lo catapultó como el narrador poderoso que es, devenido luego de su prematura muerte en mito; traducido, publicado, venerado.

Suponían sus lectores que ya no escribiría más, que sobrevendría el alivio, la calma para reorganizarse. Sin embargo, con la reciente publicación de Los sinsabores del verdadero policía (Barcelona: Editorial Anagrama, Colección Narrativas Hispánicas, 328 pp., 2011) impulsada por sus herederos y por el célebre agente literario Andy Wylie, el Chacal, quien adquirió después de su muerte los derechos de la obra de Bolaño, la respuesta es obvia: detrás de la ventana lo que hay es otro libro de Bolaño y así se completa una suerte de extenso tríptico que nace desde Los detectives salvajes, prosigue en 2666 y se completa con Los sinsabores del verdadero policía.

De esta forma, el lector asiste atónito a una misma trama, a un mismo desastre, a un viaje imposible que exige investigar posibles desenlaces; participa como lector-sabueso de la materia misma a la que Bolaño condena a la palabra sin dar tiempo a descifrar sus caligramas, la topografía con las que intentaba mostrar la interioridad del signo mismo. Leer más »

6
jul
Colmenares-Foto

Antonia P.

Carlos Colmenares Gil (Venezuela)

un amor breve como el suspiro de una cabeza guillotinada

                                                                                                                                                           Roberto Bolaño

 

No sé por qué me gustó. Estaba llegando a los cuarenta y, honestamente, al no aceptarlo parecía bastante ridícula. El tono de sifrina de principios de los 90 la delataba, y los moñitos, coño, los moñitos nunca los entendí. Tenía dedos de piedrera: amarillentos en las puntas con las uñas cortas, comidas. También ladeaba la mandíbula al hablar, y la mayoría de las veces que decía algo se le caía la cédula durísimo.

Ese día yo iba tarde, ya no tenía ganas de entrar al taller. Me la encontré en el pasillo toda apurada. Siempre me acobardo pero no sé qué pasó esta vez, cuando tenía todas las razones para no invitarla.

Fuimos a los chinos alemanes. Me daba pena encontrarme con alguien, especialmente con Martha, pero ahí estábamos, la tenía frente a mí con un tercio en la mano. Leer más »