La tarea del testigo (fragmento)
Rubi Guerra (Venezuela)
El sanatorio era un espacio célibe. Sabía que se producían juegos amorosos entre los residentes, pero estaban signados por la fugacidad y la precariedad de paseos por el jardín o de un beso robado en un pasillo. Así se lo había explicado su amigo Konrad Reisz. Para él, ni aun estos encuentros fugitivos y, en definitiva cándidos, eran posibles. Su estado de nervios no le hubiera permitido la tensión de un encuentro de esta naturaleza, aun si entre las mujeres hubiese habido alguna que le despertara un poco de pasión. Había vuelto a ser inocente.
Sólo que no podía recodar ninguna época de inocencia. Desde pequeño se había sentido atraído por las mujeres. Niñas de su edad, al principio, y luego muchachas y mujeres, cuando apenas comenzaba a asistir a la escuela. Si las amigas de su madre lo besaban se debatía en sus brazos para disimular el intenso gozo que sentía.
Su primer contacto verdadero con una mujer fue con una prostituta, a los diecinueve años. Una experiencia estremecedora.
En Caracas, estando en la universidad, a medida que su círculo de amigos y conocidos crecía, trató a más mujeres. Hermanas, primas, amigas de sus amigos. Mujeres de los bares a los que concurría acompañando a sus compañeros de clases. Mujeres en las tiendas y en las calles, a quienes que no se atrevía a mirar de frente. Se sentía contaminado por sus deseos. Leer más 
La lírica está muerta
Ezequiel Zaidenwerg (Argentina)
I. La lírica está muerta:
se quedó
varada en un remanso hipnótico del sueño,
mientras que más allá del coágulo final de la conciencia,
en torno al lecho con dosel de plata,
junto a la cama pobre de madera y espina,
se reunían los deudos,
aguardando el instante de iniciar
la sucesión.
Con todos los sentidos humanos agotados,
la cápsula de viento que tenía su espíritu
se alzó rumbo a las auras, desleída en una racha
centrífuga de luz, igual que Elías en la tempestad, arrebatado
sobre un carro de fuego. Leer más 
Flor de buganvilia
Silda Cordoliani (Venezuela)
Una vida resguardada puede ser también una vida atrevida.
Porque todo atrevimiento serio procede del interior.
Eudora Welty
los que sólo viven para poner la vida en palabras
los que escriben para poner la palabra en la vida
Guillermo Sucre
Me preguntan si la llegué a conocer, pues sí, por lo menos dos veces coincidí con ella en algún evento cultural hace ya muchísimos años. Para ese entonces llevaba una nutrida vida social, por llamarlo de alguna forma, algo que me gustaba, y que además me habían recomendado muy especialmente si deseaba darme a conocer, impulsar mi incipiente carrera. (“Siempre, tenlo presente −recuerdo las palabras de mi jefe en la agencia de publicidad−, vale mucho más que reconozcan tu rostro, con tu nombre anexo, por supuesto, a que hayan leído algo tuyo”; cosa que por cierto él cumplía al pie de la letra, pues de mis cuentos que al descuido dejaba sobre su mesa, nunca pasó del título). Pero ella, se sabe, detestaba los actos públicos, y no falta quien afirme que se trataba de una suerte de fobia al saludo y la consecuente forzada sonrisa, ¿una fobia controlada?, solamente así, porque de otro modo jamás nadie la habría conocido. Por eso me voy más bien por la idea del cansancio, por esa suerte de hastío que terminan por producirle a ciertas sensibilidades tanto convite y exposición, y nadie mejor que yo podría hoy dar fe de ello. Leer más 
Las instrucciones de Fedosy Santaella
Jesús Suárez (Venezuela)
En principio, se percibe como una tarea fácil: reúna usted un montón de escritos de diverso pelaje y podrá armar su propio puzzle literario. Visto desde ahí, parece sólo una cuestión de formas. La miscelánea sería el mejor ardid para aquel que rehúye darse de cabeza contra el género de turno. Suele ocurrir, sin embargo, que estos libros aparentemente des-generados, indómitamente refractarios a los códigos de lectura convencionales, esconden el más denso contenido que podamos imaginar. Lo que se juega, ni más ni menos, es la propia piel del autor. Severo Sarduy, en su introducción al Cristo de la rue Jacob hablaba de un inventario de marcas, no sólo físicas sino mnémicas. Escritura del cuerpo y la memoria: ¿habrá mejor definición para la autobiografía? Y es que, difícilmente, existen obras tan íntimas y personales en la literatura hispanoamericana como Manual del distraído de Alejandro Rossi, Movimiento perpetuo de Augusto Monterroso o El arte de la fuga de Sergio Pitol. Leer más 










