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Artículos Recientes

16
feb
Mora-Foto

Causas y defectos: cuatro poemas

Diego Mora (Costa Rica)

Cupón de descuento

Entré y de inmediato me di cuenta: ahí estaba yo Y eso no pasa casi nunca Menos en una cadena de supermercados al Sur de los Estados Unidos Me quedé mirando la nada de las cajas registradoras con filas de carritos repletos de todo y yo ahí detenido en el tiempo sin saber por qué me estaba encontrando así en una civilización no muy encontrada que digamos No sé qué iba a comprar pero me llevé a mí mismo y no me costó ni un centavo

 

A la piedra azul de Paul Auster

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Es uno de éstos Pero no sé cuál Ni siquiera conozco el programa Pero sé que es uno de estos códigos De eso no cabe duda En principio servían para instalar un antivirus pero yo estoy absolutamente convencido que hay uno que suena a jazz Suena a Lena Horne cantando Singing in the rain al final de Lulu on the bridge No me pregunten cómo puedo estar tan seguro Un siete Un cero Un guión Una té Una hache Una equis Una eme Una uve Un uno Otro guión Una pe Una jota o una ye Luego una cé Un dos una be un nueve una jota un uno Luego puede ser un cuatro una pe una a o una hache Lo más lamentable es que tal vez el programa que busco no requiera código de acceso Tal vez alguien más lo esté utilizando en este momento Tal vez sea freeware y yo ni lo conozca Talvez.exe se llame el programa Tal vez no se haya diseñado y alguien lea algún día estas palabras y lo diseñe y coloque cualquiera de las opciones como clave de acceso y me regale una copia del programa y yo lo instale emotivo pero demasiado tarde para mi satisfacción orgánica A lo mejor no se trate de un programa y este asunto de los códigos no sea más que un pretexto para llenar de ceros y unos mi alargada espera de su nombre con ceros y unos sonriendo al mejor estilo de Mira Sorvino en una azotea neoyorkina con ese cabello tan sexy al lado de Harvey Keitel repleto de ceros y unos y códigos lamentablemente equivocados Leer Más »

16
feb
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Casa para la sospecha

Jairo Rojas (Venezuela)

Día 4

Hay ciudades  o          cárceles

y en su interior            números           delincuentes

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15 295465               17523 461               8 048 944

que los altoparlantes buscan                los directivos más furiosos

en su vigilia

porque sus reos esperan en calma su condena en días sin orillas

bajo ayunos religiosos             con enfermedades caras

que desaparecen solas

cuando se canta en voz baja

ellos hablan más suave para poder escucharlos

porque el tiempo cansa                        y exangüe quedan las carnes   sufrientes

extendidas en las cicatrices del mundo

que ya se va Leer Más »

16
feb
Srur

La indemnización

Julio Roberto Srur (Argentina)

Mi vida no ha ido por los caminos que un hombre relativamente sensato desea, lo reconozco. El hecho de haber fracasado en mi primer matrimonio y con las sucesivas relaciones con mujeres no es, para mí, señal de una honda frustración, aunque, por cierto, hubiera preferido otros desenlaces. Pero sí lo es el hecho de sentir una vida malograda, el quiebre de mi empresa, una editorial orientada a la sociología. Eso sí es un fracaso, y de los fracasos grandes de la vida, según mi criterio de valores que no pretendo que ni ustedes ni nadie compartan conmigo. Pero imaginen quedar desempleado a los cuarenta y cuatro años, con deudas por todos lados y unos empleados enfurecidos con deseos de aniquilarme. Además, como he dicho, soltero y sin familia de sangre, aunque es posible que tenga un segundo hermano viviendo en alguna ciudad de Finlandia, pero esos sólo fueron rumores de mi madre cuando todavía vivía. Si realmente existe nunca lo supe ni tampoco me ha interesado buscar información sobre el tema; tener un medio hermano en Finlandia me parece tan extraño que no lo imagino posible. De todos modos, aceptando por un instante aquella remota probabilidad, si alguien ha decidido trasladarse tan lejos, supongo que tendrá sus motivos para escapar. Las pocas veces que lo visualicé, lo imaginé parecido a un extraterrestre, de esos que dan miedo.

Por suerte había heredado la casa de mis padres, de manera que no tenía que pagar un alquiler que simplemente no hubiera podido afrontar. Perder la empresa propia seguro es un desastre en cualquier época, pero caer en los abismos de Buenos Aires a finales del año 2001, les aseguro que es una calamidad doble. Mis pocos ahorros fueron congelados por el banco y así, en un breve lapso de tiempo, me encontré sin la empresa y casi sin dinero para disponer, salvo el que tenía guardado en la casa y el limitado importe autorizado por el gobierno para retirar semanalmente de los cajeros automáticos. Esto me obligó a buscar trabajo urgente. Leer Más »

16
feb
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En la inminencia del día: muestra de traducciones de autores costarricenses

Tomaso Pieragnolo (Italia)

El escritor y traductor italiano Tomaso Pieragnolo ha venido desarrollando una destacada labor al vertir a su lengua natal la obra de diversos poetas hispanoamericanos, en cuenta una considerable nómina de autores costarricenses. Parte de sus traducciones han sido publicadas regularmente en la revista Saragana, y ahora aparecen reunidas en la antología bilingüe italiano-español En la inminencia del día.

Los autores incluidos en dicho trabajo son Jorge Debravo, Eunice Odio, Mía Gallegos, Alfonso Chase, Laureano Albán, Julieta Dobles, Carmen Naranjo, Carlos Trujillo, Juan Carlos Mestre, José Emilio Pacheco, Omar Lara, Rubén Bonifaz Nuño, Claribel Alegría, Vicente Aleixandre, Roberto Friol, Pablo Neruda, Gioconda Belli, José Carlos Becerra e Isabel Fraire.

Aquí usted puede descargar la antología de forma gratutia

En este volumen de Las Malas Juntas, ofrecemos una muestra de sus traducciones de tres escritores costarricenses, incluidos en la antología en cuestión..

 

 

Jorge Debravo
(Guayabo de Turrialba, Costa Rica, 1938-San José, Costa Rica, 1967)

Noi uomini

Vengo a cercarti, fratello, perché porto la poesia,
che è come portare il mondo sulle spalle.
Sono come un cane che ruggisce solo, latra
alle belve dell’odio e dell’angustia,
manda all’aria la vita nella metà della notte.
Porto sogni, tristezza, allegria, mansuetudini,
democrazie rotte come anfore,
religioni ammuffite fino all’anima,
ribellioni in germe che gettano lingue di fumo,
alberi che non hanno
sufficienti resine amorose.
Siamo senza amore, fratello mio,
ed è come essere ciechi in metà della terra.
Porto morti per impaurire tutti
coloro che giocano con le morti.
Vite per rallegrare i mansueti e i teneri,
speranze e uve per i dolenti.
Ma prima di tutto porto
un violento desiderio di abbracciare,
assordante e infinito
come una tormenta oceanica.
Voglio fare con le braccia
un solo lungo braccio
che circondi la terra.
E desidero che tutto, che la vita sia nostra
come l’acqua e il vento.
Che nessuno abbia altra patria che il vicino.
Che nessuno dica più la terra mia, la barca mia,
bensì la terra nostra, di Noi Uomini. Leer Más »

14
dic
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Muhammad Alí (Falso obituario)

Luis Chaves (Costa Rica)

  1. “Ali is dead”. El titular, escueto, directo, absoluto, le dio la vuelta al mundo a la velocidad de aquel jab atómico que fue pesadilla de sus rivales. Algunas personas mueren antes de que se les termine la vida. La afirmación “Murió Muhammad Alí” difícilmente hace pensar en el hombre de 65 años doblegado por el mal de Parkinson. La asociación inmediata es la imagen de aquel negro escultórico de 1,85 cm y 90 kg, moviéndose en el cuadrilátero con la gracia y fluidez de una prima ballerina, convirtiendo el ring en una pista de baile. O al deportista ruidoso, pedante, histriónico y elocuente que, en el mejor momento de su carrera, prefirió renunciar a su título de campeón antes que abandonar sus convicciones.
  2. Cassius Marcellus Clay fue su nombre de pila. Nació y creció en Louisville, Kentucky. A los 18 años ganó la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Roma. Los expertos dudaban del futuro de aquel jovencito que exhibía una técnica poco ortodoxa. Les parecía una bravuconada adolescente la defensa de un boxeador que inclinaba su torso hacia atrás para esquivar golpes, cuando el manual indicaba que debían desviarse con los puños. Tampoco comulgaban con su actitud desafiante fuera del cuadrilátero. Un joven recién llegado que no se ahorraba opiniones, que retaba abiertamente a boxeadores más experimentados que él, que no respetaba las jerarquías. Y tenían razón, Cassius Clay era todo eso. Pero lo que nadie sabía entonces, probablemente ni él mismo, es que no era sólo eso. El tiempo, que no se equivoca, se encargó de demostrarlo.
  3. Leer Más »